¿Jugar para divertirse o para competir? Esta pregunta surge muy a menudo sobre todo dentro del grupo que rodea a los niños que en edades tempranas comienzan a practicar algún deporte en particular. El principal temor de los padres radica en saber diferenciar cuando un chico no se lo está pasando del todo bien tanto en los entrenamientos con sus compañeros como también durante los propios partidos del fin de semana.
Jugar para divertirse o para competir: Motivos de la práctica de un deporte

Pero, por otro lado, puede existir la posibilidad de que el propio niño sea quien tome la decisión y les proponga a sus padres la idea de comenzar a practicar una actividad en particular. Este punto tiene su principal incidencia en el deporte que estén practicando sus amigos del cole y, a su vez, debería ser un motivo muy importante por el que los padres sabrán que su hijo ha tomado la decisión de participar de esos encuentros deportivos por propia decisión, dejando en claro que se trata de una actividad para divertirse y pasarla bien.
Jugar para divertirse o para competir: La importancia de la comunicación

Evidentemente el propio entorno, formado por sus compañeros, los padres y el entrenador se encargará de generar un contexto propicio para que la competencia vaya aflorando a medida que pasan los años. Pero ese no es el problema principal, de hecho, es lo más lógico. La cuestión pasa por saber qué es lo que está sintiendo el chico en cada momento. Y que el mismo decida si lo mejor es jugar para divertirse o para competir. Por eso decimos que la comunicación constante con los adultos debe servir para detectar cualquier situación con la que el niño no se sienta cómodo.
Acercamiento al deporte en general

En caso contrario corremos el riesgo de generar un efecto totalmente opuesto. Donde el niño se aleje para siempre de la actividad física simplemente por una mala experiencia en el comienzo de su vida deportiva donde el error fue de los adultos. Quienes no supieron notar la diferencia entre jugar para divertirse o competir.
Conclusión
Lo importante es tener en claro que no hay un momento específico en el que los niños dejan de acudir a los entrenamientos y a la competición con la idea de divertirse para pasar a ser una necesidad de obtención de rendimientos. Sino que más bien es un proceso muy largo y que se va dando de manera natural, y es por eso que se debe insistir con la cercanía de los adultos durante todo ese proceso. Ya que en ese camino pueden suceder muchas cosas, como un entrenador de fútbol infantil que prioriza rendimientos sobre ocio en las edades más tempranas o la propia presión que producen los adultos sin apenas darse cuenta.


Comentarios recientes